Crónica del partido Leganés vs Real Madrid 05/04/017

El Madrid es inmutable. En Butarque hubo nueve cambios respecto al último once y jugó igual de mal. Tuvo unos buenos diez minutos en los que soltó tres chispazos que parecieron definitivos, pero no hay fútbol, no hay consistencia, no parece haber un plan y sí muchas dudas mirando al calendario. Pero los días que parecían lejanos ya están aquí, esas olas altas que divisaba desde su balcón han llegado al pie de su torre y amenazan con disolver la roca como arena. El Atleti, el Bayern y el Barça ya asoman la patita por la puerta del armario y el Madrid parece más arropado y desprevenido que armado y listo a la batalla.
Ahora, los diez minutos que los cables están en su sitio son como los diez últimos minutos del capítulo nueve de cada temporada de Juego de Tronos. Si parpadeas te pierdes una espada por aquí o un dragón por allá. El Madrid cabalgó a lomos de Asensio y se dejó llevar. Marco agarró un balón y no lo soltó hasta que se lo pudo dejar en la misma línea de gol a James para que lo empujase.
Luego llegó el turno de Morata. Álvaro tiene un problema y es que tiene cara de buena gente. Si tuviera mala leche o al menos la aparentase, nadie le tomaría como un chico para un rato. Es el de "Sí, es muy gracioso, pero como amigo". Es el de "Me divierto mucho con mi sobrinito, pero no quiero hijos". Por fin fue titular y resolutivo, dejando claro a Zidane, a la afición y a cualquiera que quisiera mirar que también se puede contar con él en primera línea de infantería. Hizo el segundo de cabeza, por encima de Herrerín en un remate poco sencillo que Nacho no quiso remachar a la red. Si ese balón lo ve volar un depredador como Cristiano lo toca cuatro veces en medio centímetro para sumar otro gol.
El tercero también llevó su firma, a medias con un Kovacic, que sólo sacó la cabeza del fango del centro del campo para fabricar esa jugada. Su toquecito de exterior para dejar a Morata solito ante Herrerín recordó a Modric, pero fue un instante y su luz se volvió a apagar. Necesita regularidad
Pero tras el tercero, los de blanco se quedaron no de piedra, de madera. Parecían de futbolín, impasibles a un balón largo como el que le cayó a Rico en banda izquierda para asistir a Gabriel. El Leganés se atrevió a la media hora a tocar al rival y se dio cuenta de que no era viscoso, se trataba de un contrincante de carne y hueso igual que ellos, sólo que con otra camiseta
Luciano, dos minutos después, fusiló a un Keylor que esperó su remate con media pierna dentro de la portería. Es verdad que no pudo hacer mucho en los goles, pero qué pocos días se marcha a casa con el expediente sin mancha. El caso es que el 0-3 que era un Everest para el Lega acabó siendo el Cerro Garabitas en cuestión de segundos. Mérito de unos y demérito de otros, pero fiesta al descanso en Butarque.

El Madrid es inmutable. En Butarque hubo nueve cambios respecto al último once y jugó igual de mal. Tuvo unos buenos diez minutos en los que soltó tres chispazos que parecieron definitivos, pero no hay fútbol, no hay consistencia, no parece haber un plan y sí muchas dudas mirando al calendario. Pero los días que parecían lejanos ya están aquí, esas olas altas que divisaba desde su balcón han llegado al pie de su torre y amenazan con disolver la roca como arena. El Atleti, el Bayern y el Barça ya asoman la patita por la puerta del armario y el Madrid parece más arropado y desprevenido que armado y listo a la batalla.

Ahora, los diez minutos que los cables están en su sitio son como los diez últimos minutos del capítulo nueve de cada temporada de Juego de Tronos. Si parpadeas te pierdes una espada por aquí o un dragón por allá. El Madrid cabalgó a lomos de Asensio y se dejó llevar. Marco agarró un balón y no lo soltó hasta que se lo pudo dejar en la misma línea de gol a James para que lo empujase.


Luego llegó el turno de Morata. Álvaro tiene un problema y es que tiene cara de buena gente. Si tuviera mala leche o al menos la aparentase, nadie le tomaría como un chico para un rato. Es el de "Sí, es muy gracioso, pero como amigo". Es el de "Me divierto mucho con mi sobrinito, pero no quiero hijos". Por fin fue titular y resolutivo, dejando claro a Zidane, a la afición y a cualquiera que quisiera mirar que también se puede contar con él en primera línea de infantería. Hizo el segundo de cabeza, por encima de Herrerín en un remate poco sencillo que Nacho no quiso remachar a la red. Si ese balón lo ve volar un depredador como Cristiano lo toca cuatro veces en medio centímetro para sumar otro gol.

El tercero también llevó su firma, a medias con un Kovacic, que sólo sacó la cabeza del fango del centro del campo para fabricar esa jugada. Su toquecito de exterior para dejar a Morata solito ante Herrerín recordó a Modric, pero fue un instante y su luz se volvió a apagar. Necesita regularidad.


Pero tras el tercero, los de blanco se quedaron no de piedra, de madera. Parecían de futbolín, impasibles a un balón largo como el que le cayó a Rico en banda izquierda para El Madrid es inmutable. En Butarque hubo nueve cambios respecto al último once y jugó igual de mal. Tuvo unos buenos diez minutos en los que soltó tres chispazos que parecieron definitivos, pero no hay fútbol, no hay consistencia, no parece haber un plan y sí muchas dudas mirando al calendario. Pero los días que parecían lejanos ya están aquí, esas olas altas que divisaba desde su balcón han llegado al pie de su torre y amenazan con disolver la roca como arena. El Atleti, el Bayern y el Barça ya asoman la patita por la puerta del armario y el Madrid parece más arropado y desprevenido que armado y listo a la batalla.

Ahora, los diez minutos que los cables están en su sitio son como los diez últimos minutos del capítulo nueve de cada temporada de Juego de Tronos. Si parpadeas te pierdes una espada por aquí o un dragón por allá. El Madrid cabalgó a lomos de Asensio y se dejó llevar. Marco agarró un balón y no lo soltó hasta que se lo pudo dejar en la misma línea de gol a James para que lo empujase.


Luego llegó el turno de Morata. Álvaro tiene un problema y es que tiene cara de buena gente. Si tuviera mala leche o al menos la aparentase, nadie le tomaría como un chico para un rato. Es el de "Sí, es muy gracioso, pero como amigo". Es el de "Me divierto mucho con mi sobrinito, pero no quiero hijos". Por fin fue titular y resolutivo, dejando claro a Zidane, a la afición y a cualquiera que quisiera mirar que también se puede contar con él en primera línea de infantería. Hizo el segundo de cabeza, por encima de Herrerín en un remate poco sencillo que Nacho no quiso remachar a la red. Si ese balón lo ve volar un depredador como Cristiano lo toca cuatro veces en medio centímetro para sumar otro gol.

El tercero también llevó su firma, a medias con un Kovacic, que sólo sacó la cabeza del fango del centro del campo para fabricar esa jugada. Su toquecito de exterior para dejar a Morata solito ante Herrerín recordó a Modric, pero fue un instante y su luz se volvió a apagar. Necesita regularidad.


Pero tras el tercero, los de blanco se quedaron no de piedra, de madera. Parecían de futbolín, impasibles a un balón largo como el que le cayó a Rico en banda izquierda para asistir a Gabriel. El Leganés se atrevió a la media hora a tocar al rival y se dio cuenta de que no era viscoso, se trataba de un contrincante de carne y hueso igual que ellos, sólo que con otra camiseta.


Luciano, dos minutos después, fusiló a un Keylor que esperó su remate con media pierna dentro de la portería. Es verdad que no pudo hacer mucho en los goles, pero qué pocos días se marcha a casa con el expediente sin mancha. El caso es que el 0-3 que era un Everest para el Lega acabó siendo el Cerro Garabitas en cuestión de segundos. Mérito de unos y demérito de otros, pero fiesta al descanso en Butarque.asistir a Gabriel. El Leganés se atrevió a la media hora a tocar al rival y se dio cuenta de que no era viscoso, se trataba de un contrincante de carne y hueso igual que ellos, sólo que con otra camiseta.


Luciano, dos minutos después, fusiló a un Keylor que esperó su remate con media pierna dentro de la portería. Es verdad que no pudo hacer mucho en los goles, pero qué pocos días se marcha a casa con el expediente sin mancha. El caso es que el 0-3 que era un Everest para el Lega acabó siendo el Cerro Garabitas en cuestión de segundos. Mérito de unos y demérito de otros, pero fiesta al descanso en Butarque.

Comentarios